Pero qué pasa, cuando dejas todo atrás, cuando el cambio que
piensas lograr, es para mal y no hay bien ni al pensar en las cosas que deberás
efectuar, cuando sacrificar se vuelve un sinónimo de matar.
De matar todas esas cosas que te
hacían ser tú, sin desviar tu mirada del andar que te llevaría a donde deberías
de estar.
Que sucede cuando las cosas no
son como deberían de ser
Cuando el momento más importante
del día es cuando se acabó el alcohol, o como te gusta comenzar a llamarlo,
medicina para el dolor...
Y es que después de tantas
etiquetas de botellas vacías, vacías de tus ganas de seguir adelante, puede
comenzar a tapizar la pared completa para recordarte que eres un completo
imbécil por rendirte.
Por qué pensaste que sacrificar
tanto al final iba valer la pena y es cuando la realidad te hace una jugada
sucia y te recuerda que simplemente eres uno más entre el montón de débiles...
Y es cuando te comienzas a cuestionar.
Te cuestionas por todo y por
nada, te cuestionas por cosas tan importantes como insignificantes, te
preguntas por qué y para qué, y es ahí cuando la logras ver, escondida entre
telarañas de recuerdos amargos y promesas rotas, de alegría sin ira, de
felicidad tan sincera como las historias de las fiestas con tus amigos,
adornadas con nubes de alcohol y lluvia de jugo barato.
Es ahora que encuentras la
respuesta a la pregunta que te habías hecho aquella noche agonizante de
alcohol, es ella la respuesta que te hacía falta para completar la lista de
cosas que dejaste atrás para ganar. Y pensar que al final lo único que ganaste
fueron amistades falsas y más promesas sin completar, días tirados a la basura
por que no recuerdas cómo ni mucho menos con quién, lo único que sabías es que
la botella se había vaciado y tu seguías sin sentirte lleno.
Te la encuentras en el reflejo de
ese espejo viejo que se encuentra al fondo del bar, se encuentra mirándote
fijamente con ojos de decepción, y logras ver como se rompe su ilusión, te
acabas de encontrar a ti, te has vuelto a cruzar con tu identidad, esa que
dejaste atrás para según tú lograr avanzar, cuando en realidad lo único que lograste
fue perderte a ti mismo, y es ahora que todo cobra sentido, te encuentras entre
la espada y la pared, entre volver a ser tú o seguirte engañando para poder
seguir encajando, pero te has tardado demasiado en decidir, y pierdes la
oportunidad de volver, cuando el espejo se rompe del golpe de una botella de
cerveza, y ya no hay marcha atrás, te has ido y no volverás.